diumenge, 18 de març de 2012

The Fotolog Years: December 18th, 2011


TOPOGRAPHIE DES TERRORS
Niederkirchnerstrasse, Berlin
Dezember 2011


Hace ya bastantes años tuve la ocasión de visitar el campo de concentración de Dachau, en el suroeste de Alemania. La experiencia fue devastadora, pero a la vez muy enriquecedora. Pasar por aquellos barracones, entrar en aquellas duchas y recordar escenas que por fortuna solamente he visto en el cine, me dejaron hecho una mierda. Literalmente. La sensación era una mezcla de rabia y unas ganas terribles de llorar, porque cuando observas cosas así la pregunta no es cómo se puede llegar a ser tan hijo de puta, sino cómo se puede encarrilar a todo un país -encima, uno de los más modernos y avanzados del mundo- a ser partícipe de ello. En este sentido, me llamó la atención un lema que podía leerse en grande en el museo de Dachau. Un lema que permanece incrustado en mi ser. No recuerdo las palabras exactas, pero venía a decir que mostrar episodios tan negros como el Holocausto, mantenerlos vivos en la memoria colectiva y evitar que caigan en el olvido, es básico para evitar que se repitan. Esto lo tienen muy presente en Alemania, donde el partido político heredero de todo aquello es a día de hoy ilegal. Y donde se han construido instalaciones como Topographie des Terrors, o la Topografía del Terror.

Se trata de un complejo edificado en el solar de Niederkirchnerstrasse (antiguamente Prinz-Albrecht-Strasse, la infame calle del Príncipe Alberto, y donde permanecen también los restos del Muro de Berlin que pueden apreciarse en la fotografía) que albergó las sedes de la Gestapo y las SS, los principales cuerpos represores de la Alemania nazi, derribados durante los bombardeos aliados de la II Guerra Mundial. Recorrer lo que queda de todo aquello y pensar que allí fueron encerrados, torturados y asesinados cientos de opositores al régimen produce una sensación similar a la que experimenté en Dachau. Pero no son solamente los restos de la barbarie lo que alberga Topographie des Terrors. El complejo cuenta actualmente con un amplio museo en el que se documentan los motivos, los hechos y las consecuencias del ascenso al poder del nacionalsocialismo. En otras palabras, una costosa pero necesaria instalación dedicada a lo que aquí llamamos Memoria Histórica. Financiado con dinero público y sin que nadie cuestione su necesidad -recuerden el lema al que me refería antes-.

Por esto me preocupa que, lejos de Alemania, en nuestro país de eterna pandereta, haya voces proclamando a los cuatro vientos y sin ninguna vergüenza, que la Memoria Histórica son pamplinas, que es un gasto inútil de dinero público, que no interesa a la ciudadanía, que lo que debemos hacer es pasar página como si nada hubiera pasado y demás expresiones de extremo cinismo. Y me preocupa más todavía que quien defiende -y promueve- estas posturas desde los hemiciclos políticos haya ganado unas elecciones generales con una mayoría absoluta aplastante. El mismo partido que durante su anterior gobierno financió con ese mismo dinero público a la fundación que lleva el nombre de quien gobernó este país con mano de hierro durante casi cuatro décadas. El mismo partido que se quejaba desde la oposición cuando el gobierno del PSOE retiraba de la vía pública unos monumentos al franquismo que no podían producir otra cosa que vergüenza e indignación. Una fundación y unos monumentos que serían ilegales en la Alemania actual. La misma que, siguiendo aquel lema -y disculpen mi insistencia-, quiere mantener viva la memoria de su pasado más oscuro para evitar que éste se repita.








Audio: "The Memory Remains" - Metallica

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