dimecres, 10 d’abril de 2013

La privatització del benestar


Asumiendo que el sector financiero desempeñaba un papel demasiado preeminente y era “too big to fail”, los Estados no vieron otra salida que endeudarse en su beneficio. Así es como los políticos justificaron en todas partes las nuevas cargas a sus ciudadanos. No era la primera vez que se nos presentaba ese argumento. “No hay alternativa” a “racionalizar” la universidad, a reducir las prestaciones sociales, a realizar recortes en la política de lucha contra el racismo, a poner un límite a la inmigración, a reducir la protección contra el despido, a aumentar las contribuciones al seguro de salud y los precios de la energía: esta frase resuena en los oídos de los miembros de mi generación desde los años ochenta y es la constante verbal de los últimos treinta años, cuya constante política ha sido precisamente el retroceso en la igualdad de oportunidades y la privatización del bienestar. En nombre del futuro se ahorra en el presente para pagar el pasado.

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El progreso siempre corre por cuenta del bolsillo del ciudadano, ya sea la ampliación de una red eléctrica europea, como decidió la Comisión Europea a comienzos de 2011, o la reforma de la red ferroviaria de la compañía de trenes Deutsche Bahn. Los riesgos también van a cargo de la comunidad, como aprendimos de manera ejemplar durante la crisis financiera de 2009. Por el contrario, los beneficios económicos que resultan de los avances tecnológicos y los riesgos asumidos por toda la sociedad fluyen, principalmente, hacia el sector privado.



MEREDITH HAAF. "Dejad de lloriquear" ("Heult doch", 2011)
Trad.: Patricio Pron

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